Señores, ¿seguro que Iraq está tomada?


Es una pregunta que a diario me hago. Y me consta que no es sólo a mí a quién embargan las dudas acerca de una postguerra sangrienta. Aunque, según los hechos que están acaeciendo en el país de los Sha’s, no sé si el término ‘postguerra’ es el más adecuado: todos los días hay atentados, todos los días mueren civiles. Todos los días hay horror.

¿Os imagináis que todos los días viviéramos un 11-M? Evidentemente con volumen de víctimas menor por día, pero, al fin y al cabo, un 11-M. Pues eso es lo que está ocurriendo en Iraq. Eso es lo que han conseguido los que abogan por una política de ‘prevención’, como lo llaman ellos.

Lo último han sido los asesinatos de cuatro civiles estadounidenses en la ciudad iraquí de Faluya. La gente se lanzó a la calle a celebrarlo. ¿Por qué? Porque estos políticos que dicen representarnos lo único que están consiguiendo es que el pueblo iraquí, el pueblo afgano, y tantos otros pueblos vejados y humillados odien a la cultura de occidente.

Que odien a los españoles cuando deberían odiar a Aznar, a los americanos cuando deberían odiar a Bush, a los ingleses cuando deberían odiar a Blair. La imagen habla por sí sola. El cartel reza ‘Faluya, cementerio de los americanos’

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