No más inocentes
Nadie sufre hoy como sufren los familiares de las víctimas, los amigos de las víctimas, los vecinos y conocidos de todas esas personas inocentes que ayer murieron a manos de un grupo de desalmados sanguinarios. Ni el Rey, ni Aznar, ni Zapatero, ni Rajoy… ninguno de ellos me convencen con sus palabras de repulsa al terrorismo y de consolación a las familias. Lo único que consiguen es enfurecerme aún más con sus sentimentalismos y su demagogia. Palabrería barata que nada remedia (ni hace por remediar) contra el terrorismo.
Ayer en el Pozo del Tío Raimundo la gente estaba desolada, indignada…, nadie entendía por qué en un barrio humilde, obrero, donde la lucha contra la pobreza, la droga y la violencia callejera son el pan nuestro de cada día; les tocaba cargar con una nueva desgracia. Testimonios de gente que había vivido la explosión en primera persona, que había tenido que sobreponerse rápidamente al terrible suceso, para ponerse a ayudar a todas las personas gravemente heridas, improvisados auxiliares de clínicas, convertidos en médicos por un día… Unos jóvenes del barrio, que no habían podido ir al instituto esa mañana, transitaban por la zona. Al vernos se acercaron a nosotros rápidamente y jugando a intrépidos Indiana Jones nos acompañaron al lugar desde donde mejor podíamos contemplar la dantesca escena de las vías de la estación. Se me ocurrió preguntarle a una de las chicas por su edad. Tenía 18 años. Me quedé pensativa. ¿Con qué ánimo acudiría esa joven el domingo a votar por primera vez? ¿Con qué ánimo acudiría ella, que había presenciado el atentado con más víctimas mortales en la historia de nuestro país?
En Santa Eugenia más de lo mismo.
Pero nada de lo que pueda decir sirve ya. Sobran las palabras y todas las posibles imágenes que se pudieron captar ayer están rayadas de tanto ponerlas por la televisión. Lo único que me atrevo a decir es, por favor, a quien corresponda, que no mueran más personas inocentes.
