Lusomundo o cómo ser experto en peajes


Se acerca un puente y decides abrazarte a él. Te vas de mini_vacaciones a un lugar indeterminado. Talavera, Mérida, Badajoz. Al final terminas en Portugal, tierra lusa, manteles y espíritu canarinho.

Te detienes en Évora, buscas sitio donde dormir, donde aparcar, donde inspirar el tiempo libre de forma reposada. Lo encuentras y sales a tomar una copa. Jugadoras de voleibol te abordan pidiéndote (en portugués!) un donativo en forma de consumición en uno de los tres locales de moda de la villa. Aceptas y te entra un hipo de escándalo. Afortunadamente, controlas tu diafragma y ganas la batalla. Correcto. Te dirijes al segundo local de moda y la consumición mínima son 150 euros (cartel muy grande indicándolo). No te lo tomas en serio y entras. A la salida, te intentan cobrar 10 euros de más alegando consumición mínima. ¿No eran 150 euros? ¿No tenían que haber avisado? La seguridad del local de moda pide disculpas. Te marchas, habiendo ganado la batalla. Correcto.

Te acercas a la costa, previo impago de un peaje por no disponer de una tarjeta válida (Visa Electron no válida). Te hacen una factura y rezas por que tu madre no abra la carta certificada. Imperial se muestra Lisboa, dos puentes y un cristo. Espectacular. Me acuerdo de aquella vista del Puente de San Francisco que aparecía como introducción en Padres Forzosos. Impresiona. Posteriormente a intentar ser estafado por una señorita educada al extremo (intenta convercerte de dormir en una habitación donde el sistema político reinante es la Mierdarquía), huyes de la urbe, dirección Vicio. Estoril y su casino, quiero decir. Pagas un peaje. Miles de tragaperras hacen las delicias de los más obsesionados con el juego. No se pueden hacer fotos (estaba avisado, lo siento, cariño).

Al día siguiente viras hacia Cascais, bendito cibercafé, donde el tiempo de la e-vida te permite comer, dormir y alimentar al utilitario con cinco clicks. Correcto. Precioso Cascais, de veras. Pagas un peaje. En Sintra te tomas una cerveza, que debería haber sido Sagres, pero no tenían. Incorrecto.

Vuelves a Lisboa para volver a Espanha. Pagas un peaje. El timo de la estampita en la Plaza del Comercio. Tienes experiencia pero eres bastante inconsciente.

El regreso se hace duro porque la rutina se ríe delante de ti, prepotente. Como los peajes. Pero el recuerdo se eleva y te alegra. Recordaré este viaje una y otra vez. Una gran aventura, sin duda!

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