iMac y tan feliz
Hace ya casi cinco meses que, después de haber tenido dos PCs portátiles y dado que los avatares de la vida (tecnológicamente desastrosos, por cierto) nos llevaron a tener que tirar mano del seguro de ambos para recuperar el dinero perdido en accidentes varios, decidí dar un salto (no sabía muy bien hacia dónde) y comprar Apple. En concreto, me decanté por el iMac más barato, que me permitía aprovechar el 80% del coste del Vaio sin tener que poner dinero y que ha resultado ser un bicho de cojones, con perdón.
Nunca había tenido un contacto directo con el mundo Mac y el hecho de comprar tecnología desconocida que por narices iba a ser clave en la vida de uno daba vértigo pero tenía su atractivo. Cinco meses después, como os decía, estoy encantado. Encantado con el hardware, cuyas especificaciones me daban bastante seguridad a priori, y encantado con Mac OS X.
Es evidente que cuando desarrollas un sistema operativo para un hardware concreto, limitado y cerrado, tienes muchas más posibilidades de éxito que si lo implementas para cualquier hardware. Pero la sinergia entre hardware y software que Apple ha conseguido (con la consiguiente experiencia de usuario, la pérdida de frustración y de tiempo y el cuidado tan inmenso del detalle) hacen que olvides que Apple es igual que Microsoft, en esencia, pero más cerrada todavía. Y lo cierto es que he hecho esfuerzos por “abrir” un poco el iMac: instalando Windows para probar la gráfica en juegos (por cierto, San Andreas pide demasiado al modelo más modesto, hay que bajar un poco los detalles) y su rendimiento en general, instalando Ubuntu para deleitarme con procesos rapidísimos (después de instalaciones relativamente coñazo) y probando decenas de configuraciones en máquinas virtuales.
No obstante, después de probar todo esto, me quedo con Mac OS X y fundamentalmente con Tiger. Leopard todavía no había hecho acto de presencia cuando lo compramos (y menos mal). Hay muchas aplicaciones que no funcionan y muchas otras que funcionan como el culo. Quizá es cuestión de tiempo hasta que salgan nuevas versiones de todo ese software, pero es que, como dice Oliver Rist en su genial artículo “Leopard is the New Vista, and It’s Pissing Me Off“:
Tiger just works. End of story.
Tags: Tecnología

31/01/2008 a las 4:24 pm
Hace ya cinco meses que no daba ni palo al agua y me están abriendo el culo. Jajajaja!!!
3/02/2008 a las 8:11 pm
Me mola la black and decker de tu padre. Mis felicitaciones.
5/02/2008 a las 1:04 pm
Y a mi me mola el efecto “queso gruyere” de la pared!
5/02/2008 a las 1:07 pm
Joder qué sucia… Qué pasa, que cosas como la intención no cuentan!!??