ETA, Al Qaeda y el terror


Ayer amanecí con llamada de un familiar que, informándonos de lo ocurrido, nos preguntaba si estábamos a salvo. Rápidamente uno se levanta hacia la televisión, y queda estupefacto al ver la masacre organizada por los aliados de la barbarie. Confusión.

Antes de que se colapsaran las líneas telefónicas, pude contactar con mis familiares más directos para saber que estaban bien. Recibo mensajes de amigos de varias partes de España preguntando si va todo bien. Contestamos, con presteza y afortunadamente que sí, que estamos bien. Terror.

Durante toda la mañana la única misión es recabar información. Internet, radio, televisión, mi novia en Telemadrid. Durante toda la mañana no hay otra cosa que un sentimiento de confusión, de terror, de desagrado, de rechazo, de rabia, de impotencia, de odio, de venganza. Un sentimiento de exhabrupta repulsa hacia todo lo que significa el terrorismo. A todo lo que significa terror.

Por la tarde uno se empapa de televisión y radio, a falta de Internet en casa. El estado de ánimo no vive su mejor día, intentas hablar con alguien, más noticias desde Telemadrid. Por la tarde es peor que por la mañana. Por la tarde ya está todo claro, ya hay cifras estratosféricas. Por la tarde ya sabemos que los terroristas han conseguido su objetivo a la mitad. Y eso es terror.

Terminas en la cama, por la noche, durmiéndote a la voz de la radio y dándole vueltas y vueltas. En la línea de tren que fue testigo de la rebelión del diablo me vi una y mil veces, yendo a Alcalá, volviendo a Madrid, durante mi época de estudiante en la Escuela Politécnica de la Universidad de Alcalá. Conocía a gente de El Pozo, de Santa Eugenia, de Coslada, de San Fernando, de Torrejón, de Alcalá, de Guadalajara, de Meco, de Azuqueca de Henares. Con ese pensamiento consigo dormirme, después de hacer de esponja durante todo el día de un solo pensamiento: terror.

Hoy despiertas y siguen las mismas especulaciones, las mismas líneas de investigación (es decir, todas, aún no sabemos nada). Te levantas con declaraciones institucionales, políticas, del pueblo. Te levantas sabiendo que hoy, en Madrid, 198 personas no han vuelto a trabajar y más de 1.400 heridos han vuelto a nacer. Te levantas sabiendo que la vida es hermosa, que los únicos que no la hacen hermosa son los aliados de la muerte. Te levantas sabiendo que la vida y las personas hacemos la vida hermosa. Pero las personas buenas, las que, esta tarde a las 19:00 horas diremos que no queremos esto, que no queremos crecer y vivir entre el terror, que nos encanta la rutina, la cotidianeidad, ir a trabajar por las mañanas y disfrutar con los nuestros los momentos de ocio.

No les queremos y lo tienen que saber. No les queremos y hay que apartarles. No les queremos, pero no hay que hacérselo saber con bombas, no hay que apartarles con guerras injustificadas.

Entradas relacionadas:

Dejar un comentario


[x] Cerrar
E-mail