Escribir


Escribir está en la mente de uno. Escribir puede relajar, puede alterar, puede cambiar tu ánimo -para bien o para mal. Escribir puede ser el más bonito de los ejercicios, el objetivo último de alguien, el pan y los quebraderos de cabeza de algún escritor bien o mal avenido.

Escribir no le soluciona a uno los problemas, no le exhime de sus responsabilidades ni le lleva a uno al camino de rosas que parece ser la vida cuando te estás meando en la guardería. Escribir es sentir y sentir no es lógico. Escribir sobre uno, sobre otro, sobre las miles de millones de situaciones, puede estar bien o mal visto. Escribir se puede en negrita, cursiva, subrayado, tachado, versales, mayúsculas, con o sin gracia.

Y aquí estoy yo, escribiendo, siendo consciente de que ni se me van a solucionar los problemas, ni van a desaparecer mis responsabilidades ni voy a encontrar ese puñetero y pueril camino de rosas. Sinceramente, ni estoy relajado ni nervioso, ni creo estar haciendo un bonito ejercicio, ni es mi último objetivo, ni mi pan ni un quebradero de cabeza.

A decir verdad, me siento como la montaña de basura de los Fraguel Rock, aquella mamá responsable, con una carga de cansancio visible desde fuera, pero fuerte y sabedora de su posición en todo momento. La diferencia entre ella y yo es simple: ni tengo posición, ni soy fuerte, ni responsable ni montaña. A decir verdad la montaña de basura de los Fraguel Rock no es un buen ejemplo.

Quizá, a estas alturas de la digresión, una enumeración sea lo suficientemente acreedora de explicar cómo me siento: correos electrónicos, blogs, teclados, el Bloq Num desactivado (y por ende el puto teclado alfanumérico en modo no), monitores, gente sentada a mi lado con menos humanidad que el búho de Kukusumuso esnifando cocaína que tengo colgado en un sitio plagado de cables, bolígrafos, clips y papeles. El teléfono, la botella de agua, la grapadora, el sonido del teclado mientras escribo (sin que ésto me relaje, me atore, me exhima de mis responsabilidades o me haga sentir más macho). Los comentarios ausentes de gente ausente, despachos, jerarquía, sueldos grandes y sueldos pequeños, post-it (miles). Cuadernos, tareas pendientes, reuniones pendientes, orejas con pendientes. Gente que va, gente que viene, caras conocidas, caras nuevas, pero en general caras que no me importan. Ni me importan sus responsabilidades, ni cómo se sienten ni como harán para encontrar un ejemplo clarificador que sustituya a la montaña de basura de los Fraguel si es que en algún momento pensaron que podría ser un buen ejemplo.

Así, me hago una pregunta: ¿no puedes cambiar tu vida? Y es entonces cuando me pongo a escribir…

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4 comentarios:

  1. Móni dice:

    Sin duda alguna, el que mejor me caía de todos los Fraguel era Dudo. ¿Alguien sabe por qué no reponen esa serie? Me encantaría que mis hijos crecieran viendo en la tele series como ésta, o cualquiera de las de nuestra época (años 80) y no tanta bazofia como los Lunnis, Doraemon, el Cyberclub o las zorritas de las presentadoras del club disney.

  2. Munkah dice:

    Mmmmmmmmmmmm las zorritas del Club Disney….

    :D:D:D

  3. Maktub dice:

    Cómo se te va! Jejejejee

    “Escribir es sentir y sentir no es lógico”, correcto! Muy bueno.

  4. nadim dice:

    WEP 128 BIT

    f8d524181cb9787328c91200f8

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