De cómo cualquier voto es importante


El domingo 14 de marzo, mi novia y yo nos dirigimos al Centro Cultural Maestro Alonso, en la madrileña calle Maestro Alonso, en el distrito Salamanca, para que ella ejerciera su derecho al voto, un derecho elemental.

Ocurría que, una semana antes, había sufrido el robo del bolso, con el DNI, carnet de conducir y demás enseres desaparecidos, por tanto. El único documento que acreditaba su identidad era la denuncia interpuesta en la comisaría de policía de San Blas. Dicho documento es acreditativo de identidad a nivel administrativo, de forma que es posible incluso firmar una hipoteca.

Al llegar a la mesa, procedimos a exponer al presidente y a los vocales la problemática, confiando en que no habría ningún problema. Efectivamente, por parte de dicho presidente y demás componentes de la mesa electoral, había unanimidad en el hecho de que no había problema en que Mónica realizara la votación.

En un momento dado, un señor identificado del Partido Popular, se empeñó en que no podía votar, en que la ley dejaba muy claro que debía de poseer el DNI, el carnet de conducir o una ¡¡ denuncia con su foto !!. Incluso insistió en que se marcara el voto. Sentí indignación y vergüenza.

Primera pregunta: ¿cuándo, al realizar una denuncia, se incluye la foto del denunciante?

Así las cosas, bajamos a hablar con la dotación de policía municipal y nacional que se encontraba en el colegio. Nos dieron la razón, pero apelaban al presidente de la mesa como máxima autoridad ante el caso. Tanto el presidente como los vocales estaban de acuerdo en que votara, pero el señor popular seguía empeñado en impedirlo, increpándonos e instándonos a cumplir la ley.

Segunda pregunta: ¿sentido común o ley cerrada?

Al final, gracias al apoyo de todos los componentes de las dos mesas que se hallaban en la clase y de la presión que ejercieron tanto el representante del PSOE como de IU, Mónica pudo ejercer su derecho a voto como cualquier ciudadano, aún con la represión y la insistencia deleznable de esa persona, a la que me arrepiento de no haberle pedido el nombre y haberlo hecho público aquí.

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