Caca
Es curioso que siempre nos dé risa o vergüenza el tema de la caca. Además, siendo una palabra que desde los cero a los cuatro años nos repiten sin parar. No hay más que pegar la oreja a un grupo de gente con niños que ya andan, y se oye “caca” exactamente cada trece segundos. En cambio, no parece tan incómodo si obsevamos la naturalidad de las madres a la hora de mostrar interés por las heces: ¿Has hecho? ¿No has hecho? ¿Sigues suelto? ¡Pues el mío lleva sin ir cuatro días! O esa soltura al echar mano del tránsito intestinal para todo, como cuando teníamos un dolor y nos decían que no nos preocupáramos, que eso son gases. Hasta cuando te dolía el corazón eran gases. ¡Qué prosaica la vida! El interés de las madres por la caca (sin llegar a lo de Léolo) sólo es comparable al de los dueños de perros, pero éstos es más por tener que recogerlo que por amor maternal ni nada de eso. De hecho, si fuera amor maternal lo de los dueños de perros, se tomarían la molestia de hacer como las madres con los hijos, y enseñarían a sus mascotas a hacer sus cositas en el váter, como toda la familia. Aunque no tiraran de la cadena.
Si tiene usted la suerte de tener un amigo influyente, pero influyente a nivel sideral, hay que conseguir que establezca una justicia verdaderamente infinita. Se trata de crear un dispositivo que, en el momento en que alguien pisa una caca de perro, automáticamente le caiga un rayo al dueño del perro. Un rayo flojo, tampoco se trata de matar a nadie porque si no no se acordaría después y dejaría a su perro sin nadie que le recogiera la caca. Un calambrazo guapo vale.
Eva Hache - El País

18/08/2005 a las 10:06 am
Caca, pedo, culo, pis…. a mí no me da vergüenza decirlo. Lo que si hace que me enrojezca son los pedos inoportunos cuando hay visita en casa ;-)