Hoy, puedo contarlo, ha sido el día en que el precioso caballero en forma de talón bancario caló en lo más profundo de mi cuenta bancaria y pude ver la cifra en mis apacibles movimientos. Quizá penséis que, ya que ninguna ocupación llena el vacío de mi vida anterior (nooooo), cuento esta especie de batallita para sumar entradas. Pero no.
Lamentablemente, ha sido muy complejo cobrar ese talón, perteneciente a la liquidación de Ya.com. Tan difícil como tres días de banco en banco, increpando conscientemente al sistema de robo bancario español - exceptuemos a ING, ellos, al contrario que el resto, me suelen dar unos 3 euros / mes - y deseando volver a los tiempos del trueque. La cosa fue así:
- DÍA 1: acudo a mi oficina de Caja de Madrid con el pleno convencimiento de no hallar obstáculos que retrasaran mi misión. Incorrecto. La tipa que me atiende me avisa de que me van a cobrar una comisión estratosférica (creédme cuando os digo estratosférica) y que debería acudir a la oficina donde abrí la cuenta bancaria para tratar la comisión (tratar la comisión no significa hablar con ella para ver cuál es su punto débil o cenar con un porcentaje. Lenguaje bancario, debe ser).
- DÍA 2: acudo a una oficina del Banco Santander Central Hispano, banco que expidió el adorado talón, de nuevo con el convencimiento de que, al menos, podría cobrar el dinero en metálico. Incorrecto. El talón sólo puede cobrarse en la oficina correspondiente. Esto es, en el centrísimo de Madrid.
- DÍA 3: apelando a la memoria histórica, tan de moda en estos tiempos sin modas, nos dirigimos a la oficina de Caja de Madrid donde abrí la cuenta bancaria. Allí, más que ayudarme, me dicen que la comisión sí o sí o que cobre el talón en el Banco Santander. En el centrísimo, por supuesto. Salgo pensando si realmente para ellos soy un cliente, o si piensan que pueden quedarse con mi dinero tan sólo por darle a un par de teclas. Este mismo día 3, que ha sido hoy, lanzados a cometer una locura si no hay premio, nos dirigimos al BSCH a cobrar el talón en dinerito contante y sonante. Después de larga espera, el amable cajero nos comenta que tenemos que pasar a la caja especial, un lugar que, sencillamente, acojona. Diez metros cuadrados de espacio para corbatudos, camisas arremetidas y, por supuesto, fumapitis. Ambiente selecto, DNI’s comprobados a distancia y ASE (Alta Seguridad Española) para una mierda de finiquito normal y corriente. Que no he cobrado 30.000 euros, vamos. Así las cosas, una vez en la caja especial, la señorita, algo rancia, la verdad, me comenta que ha mandado un fax para autorizar el pago a la oficina 1500, que es la correspondiente al talón y que se ha trasladado a Boadilla. Por fin, después de esperar 15 minutos, la empleada me avisa y me da el dinero.
¿De verdad es tan difícil hacer las cosas bien? No creo que sea el primero en cobrar un puñetero finiquito, por lo que, ¿nadie se ha parado a pensar que…?:
1. ¿A qué viene aplicar una comisión tan alta? ¿Robar por robar no está mal visto? ¿Por qué luego nos escandalizamos por gilipolleces?
2. La empresa, ¿no podría haberme avisado de que ese talón sólo podría cobrarlo en la oficina correspondiente? Yo, señores, soy un inculto. ¡Qué pena tengo!
3. ¿Por qué no puedo cobrar un talón de un banco en cualquier oficina de ese banco?
No sé, a lo mejor me planteo barbaridades, pero a veces la lógica es bárbara.
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