Gira el mundo gira y yo sigo aquí, dejándome llevar, sintiéndome uno más, memorizando los pasos necesarios para respirar y poco más. Gira el mundo y yo con él, gira y cuento tres, pero no sirve de nada, todo continúa igual, me siento dentro de una manada.
Tengo 26 años, un buen trabajo, contrato indefinido, sueldo mejorable - inmejorable si lo comparamos con las personas que habitan la cola del INEM cada día que bajo la cuesta que me lleva a la oficina. Vivo en una casa alquilada que cuesta un ojo, en la que en invierno hace mucho frío y en verano hace mucho calor, pero que tiene una terraza casi igual que la casa y una caldera nueva que te cagas. Tengo un coche seminuevo, pasta para gasolina, para el seguro y llevo gafas porque las lentillas, a la postre, me han resultado incómodas de digerir.
Tengo un ordenador adecuado a nuestro tiempo, un iPod Mini que almacena miles de canciones, una cámara digital SONY, un mando universal con el que por fin bajar y subir el volumen del televisor a mi antojo y un blog donde cuento mis penas y alegrías. Tengo un contrato de telefonía móvil y ADSL de 1MB.
Tengo 26 años, vivo con mi otra mitad, nos entendemos y, poco a poco, salimos adelante. Con nuestras subidas y bajadas, pero siempre para delante. Es maravilloso. Tengo 26 años y toda una vida por delante (eso dice mi abuela, a la que le queda menos y que, por cierto, tengo que llamar, soy un descastado). Tengo una familia que me quiere y me apoya, aunque a veces no piensan como yo pienso. Lo normal. Tengo muy buenos amigos, aunque son todos un poco putas.
Tengo muchas cosas, todas materiales excepto la susodicha mitad, la susodicha familia y las susodichas putas. Tengo todas las cosas con las que hubiera soñado en la pueril época de adolescente institutivo. Pero me siento vacío. Vacío de motivación allende mis sentimientos.
¿Qué me pasa? ¿Necesito dar un giro a mi vida? ¿Debería ser un giro radical o moderado?
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