Catalunya. Euskadi. El estado de la nación
Publicado por JR el 11/05/2005 Archivado en Política | 30 comentarios »El estado de la nación es complicado. Muchos frentes, muchas heridas, mucha mala leche, mucha política, muchas soluciones y pocos, muy pocos hechos. El debate sobre el estado de la nación, esa nación que el anterior gobierno dejó sembrada de crispación, de conflictos, de mano dura, de unilateralidad extrema, es algo que nunca entenderé. O mejor dicho, no entenderé nunca qué consideran como “nación” los políticos.
Supuestamente, el debate sobre el estado de la nación es un sanísimo ejercicio de habilidad en el debate, que debe servir para consensuar posiciones, acercar posturas, aprender de las posturas ajenas y lanzar una mirada dentro de uno mismo. Todo eso se mueve un poquito, se le hechan un par de ingredientes que le den sabor, véase Catalunya y Euskadi, y se sirve bien frío. ¿El resultado? Una nación más unida, más abierta, más razonable. El problema radica en que, ser abierto, razonable y pretender la unidad es la definición del antónimo de política.
Si analizamos el gobierno de Zapatero desde un punto de vista subjetivo (el único posible, aunque el equipo de marketing de ABC se empeñe en querer ser fiel a la palabra), la verdad es que hay cosas positivas y negativas. Vender armas a Venezuela, por más que el Sr. Bono se empeñe en compararse con las ventas de armas del PP, me parece despreciable. Igualmente, me parece muy acertada toda la gestión que se está haciendo a nivel social (matrimonios homosexuales, por ejemplo). De todas maneras, la experiencia (y tengo poca) me dice que todos los políticos son iguales, que el poder corrompe muchísimo más que el dinero y que no nos podemos fiar de ellos. Seamos claros, Zapatero está en el poder porque la gente quería perder de vista a la derecha. Y yo sólo me alegro de que Zapatero esté en el poder por eso y porque, en muchos años, es el único dirigente que está haciendo un poco de caso al pueblo. Y si los catalanes quieren más autogobierno, hay que dárselo. Y si los vascos quieren la independencia, hay que dársela. Y si hay que hablar con ETA, hablemos con ETA.
Y si hay que tirar a la basura todos los prejuicios ultraderechistas, católicos, conservadores, fundamentalistas, retrógrados y obstaculizadores, plantarnos y luchar por una sociedad más justa, más igualitaria y más coherente, no tengamos miedo de hacerlo. Al fin y al cabo la sociedad que construyamos hoy la disfrutarán nuestros hijos mañana y Aznar ya no está en el poder.


